Bruselas plantea a los Veintisiete usar los activos rusos congelados para armar a Ucrania | Internacional

La fórmula es compleja, pero muestra la urgencia de la situación en la guerra de Rusia contra Ucrania. Una propuesta del alto representante para Política Exterior y Seguridad, Josep Borrell, planteará a los Estados miembros usar los beneficios de los activos estatales rusos que están congelados en la Unión Europea por las sanciones —y dan millones de euros en rendimientos— para armar a Ucrania y no solo para financiar la reconstrucción. El plan, que detallan fuentes comunitarias a EL PAÍS y que se espera que se apruebe este martes, debe recibir la luz verde de los Veintisiete. Y eso se prevé difícil: varios socios ya señalan que tiene un complejo encaje legal, incluso solo para la reconstrucción, una fórmula que apenas ha avanzado desde que se presentó el plan el pasado diciembre. No hay cálculos claros de a cuánto puede ascender el rendimiento de esos activos, que empezó a colocarse en una cuenta separada el pasado 12 de febrero, pero el año pasado esos beneficios extraordinarios fueron de unos 4.400 millones de euros.

La semana pasada, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, sugirió usar esos fondos derivados de los activos del Kremlin para compras conjuntas de munición para Kiev, pero su propuesta, que implicaba una transferencia de esos beneficios extraordinarios directamente al presupuesto comunitario, era aún más complicada. El proyecto, que forma parte de un paquete más amplio sobre defensa, se ha diseñado en cambio para que, si los Estados miembros lo aprueban, se transfieran esos fondos (o parte del ellos) al Fondo Europeo para la Paz —un fondo intergubernamental que se usa para apoyar militarmente a Kiev— o se empleen para desarrollar la base industrial de la defensa ucrania, pero la propuesta aún se está ultimando.

El plan de utilizar los beneficios de los activos rusos inmovilizados —se estima que hay unos 270.000 millones de euros en activos congelados del Banco Central de Rusia, según datos de la Comisión Europea, dos tercios de esa cantidad en la UE, fundamentalmente en Bélgica— tiene un recorrido lento. La Unión y los países del G-7, que reúne a las economías más industrializadas del mundo, han avanzado para inmovilizar esos ingresos. Pero esa vía —que en la UE ha tomado forma de otra sanción contra Rusia por su guerra en Ucrania— choca con las reticencias de algunos Estados miembros que señalan que la medida puede perjudicar a la UE como lugar de inversión y que tiene un complicado encaje legal. Algunos sugieren que en realidad es un pilar para establecer los términos de las reparaciones cuando empiece la guerra. Sin embargo, con Ucrania en una situación difícil y cuando el apoyo de Estados Unidos se tambalea, crecen las voces para usar ese dinero lo antes posible.

La medida llega en un momento clave para el país invadido en el campo de batalla, donde se enfrenta a carencia de munición, y cuando la UE ha emprendido una metamorfosis en su política de defensa. Cunde además la inquietud en el club comunitario por la posibilidad de que el republicano Donald Trump —que se ha mostrado contrario a la política del presidente Joe Biden de sostén a Kiev— vuelva a la Casa Blanca tras las elecciones presidenciales en EE UU en noviembre. Este martes, el comisario de mercado Interior, Thierry Breton, el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, y la comisaria de Competencia, Margrethe Vestager, presentarán una nueva estrategia industrial de defensa que busca dar un espaldarazo un sector que se ha descuidado durante años y ayudar a la autonomía estratégica de la UE.

La estrategia de industria de defensa llega acompañada de un plan de inversión que, sin embargo, tiene escasos fondos: 1.500 millones de euros reciclados de otras partidas, según los últimos borradores del plan. Los planes buscan fomentar las compras conjuntas de armas y munición entre los Veintisiete —al estilo de la central de adquisiciones para las vacunas de covid-19 y del gas— y lograr que en 2035 hasta el 35% de lo que se compre sea a compañías europeas. El plan, adelantado por este diario, incluye otros programas para estandarizar los arsenales de los socios, hoy muy diversos, y proyectos para fomentar la inversión privada con redes de inversores e incluso la pública. Según un borrador, sugiere también que el Banco Europeo de Inversiones cambie su política crediticia para financiar empresas que fabrican armas y munición y no solo bienes de doble uso, como drones o radares. La estrategia plantea también integrar a Ucrania en los programas y la creación de almacenes de emergencia de elementos cruciales para aumentar la autonomía europea.

En 2022, el gasto en defensa de los Veintisiete aumentó por octavo año consecutivo hasta los 240.000 millones de euros, según recoge la estrategia. Pero el 78% de las adquisiciones de defensa desde el inicio de la guerra hasta junio de 2023 se hicieron a empresas de fuera de la UE. Además, pese a que hace años se acordó que los Estados miembros debían gastar el 35% del presupuesto para equipos en compras conjuntas, solo se ha llegado al 18%. La estrategia busca apoyar a la industria de defensa europea al tiempo que rellena y moderniza los arsenales de los aliados.

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