En todocoatza.com, utilizamos cookies para mejorar y personalizar tu experiencia, así como para mostrar publicidad (si aplica). Nuestro sitio también puede incluir cookies de terceros como Google Adsense, Google Analytics y YouTube.

Al utilizar nuestro sitio web, aceptas el uso de cookies de acuerdo con esta política.

El mundo registra niveles récord de quema de gas y agrava la crisis climática

https://correodelcaroni.com/wp-content/uploads/2025/01/PDVSA_asesina.jpg

En pleno avance de los compromisos globales por la sostenibilidad, el mundo asiste a un preocupante retroceso en una de las prácticas más contaminantes de la industria energética: la quema de gas natural durante la extracción de petróleo. En 2024, esta actividad alcanzó su nivel más alto en casi dos décadas, intensificando tanto el desperdicio de recursos energéticos como el impacto ambiental derivado de las emisiones no controladas. Esta tendencia, lejos de revertirse, refuerza la necesidad de acelerar políticas efectivas que transformen el desperdicio en oportunidades de desarrollo sostenible.

Cifras que contradicen las metas globales

En los últimos doce meses, se han incinerado cerca de 151.000 millones de metros cúbicos de gas natural en actividades petroleras globales. Este número supone un aumento de 3.000 millones en comparación con el año previo, lo que evidencia que esta práctica sigue siendo parte del método de obtención de hidrocarburos, a pesar de los compromisos internacionales para eliminarla antes de 2030.

El volumen de gas desperdiciado se traduce en una pérdida económica calculada en 63.000 millones de dólares. Junto al costo económico, el impacto ambiental es más severo: esta operación ha producido aproximadamente 389 millones de toneladas de gases con efecto invernadero. De esta cantidad, se estima que 46 millones de toneladas provienen del metano que no ha sido quemado, un gas de invernadero con un potencial de calentamiento global significativamente mayor que el CO₂ en un período breve.

Concentración geográfica y desigualdad en los avances

Un análisis de la distribución geográfica revela que tan solo nueve países son responsables del 75 % del total de la quema global, a pesar de que no representan ni la mitad de la producción mundial de petróleo. Esta concentración sugiere un desequilibrio en la aplicación de tecnologías y marcos regulatorios, así como un margen importante de mejora si se replicaran las buenas prácticas aplicadas en otras regiones.

El ritmo de avance también varía según el grado de compromiso. Los países que han adherido a iniciativas para eliminar la quema rutinaria de gas han logrado reducir en promedio un 12 % su intensidad de quema desde 2012. En contraste, aquellos que no forman parte de estos compromisos han incrementado su intensidad en un 25 %, lo que evidencia la eficacia de los marcos de cooperación internacional, pero también la urgencia de ampliar su alcance.

La paradoja energética: malgasto en medio de escasez

El mantenimiento de esta práctica es particularmente contradictorio al tener en cuenta que más de mil millones de personas en el mundo todavía no tienen acceso a una energía fiable. En este marco, el desperdicio de enormes cantidades de gas natural —un recurso valioso que podría utilizarse para producir electricidad, calefacción o procesos industriales— supone una pérdida de oportunidad para progresar hacia una transición energética justa, inclusiva y eficiente.

El combustible gaseoso que se desperdicia en estas actividades no solo se desaprovecha como recurso energético, sino que además constituye un riesgo ambiental importante. Con frecuencia, la combustión es incompleta, liberando metano y otros contaminantes sin tratar al ambiente. Estas emisiones no controladas intensifican el cambio climático y complican el alcance de las metas climáticas establecidas en encuentros internacionales.

Soluciones disponibles, acción insuficiente

Ante esta situación, hay opciones técnicas y normativas que facilitan disminuir significativamente la quema y utilizar el gas capturado. Soluciones como la construcción de infraestructuras para la reinyección del gas, su empleo directo como combustible, o su procesamiento y distribución como recurso energético comercial, han probado ya su eficacia en varias zonas.

Sin embargo, para que estas soluciones se implementen a escala, es indispensable el respaldo de políticas públicas consistentes, inversiones en infraestructuras y reformas regulatorias que hagan obligatoria la captura y uso del gas. Asimismo, es fundamental fortalecer las capacidades institucionales y técnicas de los países con mayores niveles de quema, brindándoles herramientas para monitorear y controlar esta práctica de forma eficiente.

Monitoreo satelital y compromiso con la transparencia

El monitoreo de esta actividad ha mejorado en los años recientes gracias al empleo de tecnología satelital moderna. A través de sensores infrarrojos, se puede detectar y medir la quema de gas desde el espacio, lo que facilita una valoración más exacta y clara del avance hacia el objetivo de erradicar esta práctica antes del año 2030.

Este tipo de monitoreo constituye una herramienta crucial para impulsar la rendición de cuentas, visibilizar los avances y fomentar una competencia positiva entre países y operadores. No obstante, los datos más recientes revelan que la meta aún está lejos de alcanzarse.

Un reto inminente para la acción climática

La flaring de gas natural constituye una de las fuentes más prevenibles de contaminación industrial, con efectos que van más allá del ámbito local y repercuten directamente en las iniciativas globales para combatir el cambio climático. La continuidad de esta actividad cuestiona la consistencia entre las declaraciones políticas y la situación operativa en el sector energético.

Avanzar hacia su eliminación no solo es posible, sino necesario. Aprovechar el gas desperdiciado, reducir las emisiones y reorientar inversiones hacia soluciones limpias son pasos indispensables para cumplir los objetivos de descarbonización y asegurar un futuro energético más sostenible y equitativo.

Por Santiago Gálvez

Periodista de actualidad y explicadores, especializado en convertir temas complejos en guías comprensibles. Escribe en español con estructuras de preguntas frecuentes y “puntos clave”. Señaliza incertidumbre y diferencia claramente entre hechos y lectura editorial.

Entradas Relacionadas