Pedro Martínez, un milenario en Manresa | Baloncesto | Deportes

Pedro Martínez recibe el premio Gigante Entrenador 2024 este lunes pasado.JUANJO MARTIN (EFE)

Se levantó bien temprano como cada mañana para pasear por Badalona a Tyrion, el caniche de sus amores. Acudió, como siempre, el primero al Nou Congost de Manresa y se pasó el día viendo vídeos de los equipos de la cantera y de rivales. Charló como habitúa con el director deportivo Xevi Pujol, y dio un repaso al encuentro a disputar esa tarde ante el Baskonia. Pero antes de comenzarlo, el Baxi Manresa y su afición se rindieron a su entrenador, un Pedro Martínez (Barcelona; 62 años) que sumaba 1.000 encuentros en los banquillos de la ACB -ya son 1.004-, segunda mejor marca en la historia tras los 1.111 de Aíto García Reneses. Pero él no se dejó llevar por la fanfarria, un pelo incómodo por ser el centro de atención y porque siempre consideró los galardones individuales como una consecuencia de lo colectivo. “No soy mucho de estos reconocimientos, pero lógicamente es un orgullo estar en una competición tan difícil durante tanto tiempo. Por la presión, porque es la élite y porque resulta difícil la supervivencia”, acepta. Aunque en su caso el orgullo es doble.

El baloncesto siempre fue su pasión, por más que sus habilidades no le alcanzaron para ser profesional con la pelota entre las manos. “Generalizando mucho, hay dos tipos de entrenadores”, explica; “los que fueron jugadores de élite, que conocen la dinámica de un equipo profesional desde dentro y que vivieron esas experiencias; y los que, como yo, hemos tenido que empezar de cero y aprender todo: códigos de los jugadores, mentalidades…”. De ahí que siempre tuvo la sensación de que para estar al nivel debía mejorar, adquirir los conocimientos necesarios, deuda de la que nunca ha logrado desprenderse. “Una cosa es tener el reconocimiento profesional y otra el sentimiento interno de que no es suficiente con lo que se está haciendo”, reflexiona. Pero desde que comenzara un 6 de marzo de 1990 en el Joventut, ya ha dirigido de 13 equipos ACB -en Gran Canaria, Manresa, Gran Canaria y Manresa repitió- y tiene una Korac (1990), una Supercopa (Tau; 2006); y una Liga (Valencia; 2017), además de muchos subcampeonatos. También una imprenta. “Me formé en un tipo de baloncesto, en Badalona, donde gustaba jugar rápido y dinámico”, resuelve. Aunque, milenario aprendiz, fue hace un tiempo a ver trabajar en pretemporada y postemporada a Jordi Fernández en los Sacramento Kings de la NBA y cogió cierta influencia. “Ha ido evolucionando, pasando por distintas fases. Ahora está en un momento de intentar jugar muy rápido, lo máximo posible. Así desinhibe al jugador, le deja tomar sus decisiones”, apunta Pujol. Un estilo que también pretende dejar como legado en Manresa.

Desde su llegada al club, hace cinco cursos, Xevi y Pedro trabajan en impregnar a la cantera con su filosofía de juego. “Se ha hecho el proyecto muy suyo. Y la manera de entrenar y trabajar en el primer equipo es aplicable a las categorías de formación. Juego a campo abierto, correr tras canasta, controlar los espacios, hacer bien los conceptos básicos, ser proactivo en defensa, leer líneas de pase y saber moverse por la pista…”, cuenta Pujol. “Me gusta hablar con los entrenadores para transmitirles lo que creo que tienen que hacer tras tantos años de experiencia. No es una imposición. Si vienen a ver los entrenamientos, les digo por qué se hace de una manera u otra. Así se crea una identidad y ya está sucediendo”. Es el orgullo de Pedro aunque, como con cualquier reconocimiento, no tiene tiempo a paladearlo porque cree en la cultura de la exigencia y el esfuerzo.

Por eso al empezar cada curso se impone estar a la altura. “Uno debe ser ejemplo de compromiso, de esfuerzo, de seriedad, de hacer las cosas dando el máximo. Si no lo haces, o no estás dispuesto, no funcionará”, desliza. Así que cuando, hace unos años, un jugador le dijo que era a demanding coach [entrenador exigente], aceptó la crítica y añadió: “Soy así e intento ser justo”. Lo mismo piensa Pujol: “Es una persona muy disciplinada y coherente con su forma de ser, unos valores que le hacen intentar ser justo en cada situación que se encuentra”. Aunque a veces pierda los nervios. Algo, sin embargo, que cada vez ocurre menos. “La experiencia te hace ver que determinadas situaciones no son tan importantes. Antes le daba más valor a las cosas positivas y negativas. Pero nada es tan bueno ni nada es tan malo”, apunta el técnico. De ahí que una de sus frases de cabecera sea: “No todo es ganar o perder”. Pedro lo aclara: “Si eres fiel a tú identidad y todo el mundo se esfuerza, se acepta la derrota con cierta naturalidad”. Y desde el vestuario apuntalan: “La satisfacción no puede depender de si la última bola en un partido toca el hierro y entra o no entra. Si durante la semana le has puesto el mismo empeño, eso no te puede fastidiar”.

Persona progre y de izquierdas, Sabinero, de Leonard Cohen y amante de las causas perdidas, a Pedro le chifla el ajedrez y las series, aunque nada mejor que ver vídeos de baloncesto. Durante estos días, del Barcelona, el rival en los cuartos de la Copa. “Es una eliminatoria desequilibrada. Pero para nosotros lo sería casi con cualquier equipo de la Copa. El éxito es participar y los jugadores están muy motivados porque jugarla es una excepcionalidad”, resume. Y agrega: “Hace dos años nos tocó también el Barça y perdimos de 36 puntos. Puede pasar, pero vamos a competir y queremos ir con la ilusión de disfrutar el momento. Los jugadores se lo han ganado”. Él también, que sumará un nuevo partido a su historial milenario. Y saca una sonrisa: “A veces miro hacia atrás y veo tantos años de profesional, tantas experiencias, vivir donde lo he hecho, conocer gente al baloncesto… Estoy agradecidísimo al baloncesto y me siento un absoluto privilegiado”.

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