Todos nos alegramos por Ricky Rubio | Baloncesto | Deportes

Quizás sea cierto y “la dirección es más importante que la velocidad”. Es una frase que leí no hace mucho y que no entiendes hasta que tienes que pasar por ese tiempo. Para alguien tan impaciente como yo, que prefiere quemarse a esperar a que se enfríe la sopa, el tiempo es relativo, tan fugaz como eterno. Lo que viene siendo una contradicción en sí misma.

Según la RAE, el tiempo es “la duración de las cosas sujetas a mudanza.’’ Porque en eso consisten los cambios, en hacer mudanzas de forma constante. Cambiar las cosas de sitio, ordenarlas, recolocarlas. Las mudanzas también son una buena excusa para tirar lo que ya no te pones, lo que ya no necesitas o para rescatar aquello que creías perdido.

Ricky Rubio se ha mudado en sentido literal y metafórico. Vuelve a casa (o cerca) y vuelve a las canchas. Doce años después de poner rumbo a la NBA, los caminos de Ricky y el Barça se vuelven a cruzar, y todos nos alegramos por él. Un fichaje que no significa que vaya a volver a jugar de forma inmediata. El club respetará los tiempos del base de El Masnou, mientras sigue entrenando con el equipo de Roger Grimau, pero será el jugador, como debe ser, quien decidirá cuándo vuelve de forma oficial a las pistas. Sea cuando sea es una noticia de la que todos nos alegramos, aunque ninguno de nosotros sepa por lo que ha pasado ni por lo que sigue pasando.

En agosto decidió poner en pausa su vida profesional y su carrera deportiva por una buena razón. De hecho, no se me ocurre una mejor: cuidarse.

Cada uno cuida su salud mental como puede. No hay un manual que te indique qué hacer ni cuando hacerlo. Pero aun así, Ricky es un ejemplo y un espejo para todas aquellas personas que están pasando por su misma situación y no tienen el altavoz que sí tiene él. Ser una estrella del deporte, jugar en la mejor liga de baloncesto del mundo o tener millones de seguidores en redes sociales no te exime de pasar por esto. Él ha sido capaz de hacer lo más difícil: aprender a parar. Así lo hizo el pasado 30 de julio cuando dejó el baloncesto, abandonó la concentración de la selección española y renunció al Mundial de Malasia y Filipinas para empezar el tratamiento. En enero de este año confirmó que dejaba la NBA: “Mi mente se fue a un lugar oscuro”. Salir de ahí no es fácil para nadie. Lo último que quiero hacer en este artículo es escribir sobre las vidas ajenas o sobre lo que está sintiendo Ricky. Eso es imposible. No puedo ni acercarme a su situación, ni ponerme en su piel. Cada persona lo sufre de una forma distinta.

Ricky nos ha enseñado con su ejemplo que no pasa nada. No pasa nada por parar, no pasa nada por pedir ayuda, no pasa nada por renunciar a aquello en lo que has trabajado toda tu vida, no pasa nada por decir que lo primero eres tú. O quizás, todo lo contrario, sí que pasa, pasan muchas cosas cuando decides mirar por ti. Y lo que pasa es que no solo te ayudas a ti mismo, sino que ayudas a mucha gente que está pasando por tu misma situación. Cuidaos mucho, cuidad a los de vuestro alrededor y pedid ayuda. El retorno del base es la gran noticia de este 2024. Sin duda, la dirección es más importante que la velocidad. Y todos queremos ayudarle en la misma dirección. Nos alegramos por ti, Ricky.

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