Un informe vaticina que los ultras crecerán en la Eurocámara pero sus divisiones les restarán fuerza política | Internacional

Los partidos de extrema derecha saldrán reforzados de las elecciones europeas de junio, pero eso no significa necesariamente que podrán marcar la agenda europea los próximos cinco años, ni que vayan a “eclipsar” a las fuerzas proeuropeas. De hecho, estos grupos de la Eurocámara—socialdemócratas, liberales y conservadores— podrían lograr una posición “mucho mejor” de lo vaticinado hasta ahora y formar incluso de nuevo una mayoría que impulse las políticas europeístas de los últimos años, aprovechando las “divisiones” y la “falta de cohesión” entre las fuerzas ultras. Siempre y cuando, advierte un informe del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, por sus siglas en inglés), que no intenten “imitar” a las derechas extremas en cuestiones como la política migratoria y apuesten por una campaña que movilice a los votantes sin “avivar el sentimiento antieuropeo”.

“Los partidos proeuropeos tienen una oportunidad para acabar en una posición mucho mejor de lo que muchos esperan, y con una mayoría factible en el Parlamento Europeo”, afirman el director del laboratorio de ideas, Mark Leonard, y el presidente del Centro para Estrategias Liberales, Ivan Krastev. Esta conclusión parte del análisis en profundidad de los resultados de una encuesta realizada en enero en los 12 países que suman tres cuartas partes de los escaños de la Eurocámara: Alemania, Austria, España, Francia, Grecia, Hungría, Italia, Países Bajos, Polonia, Portugal, Rumanía y Suecia.

La aritmética para determinar quién ocupará los 720 escaños (15 más que en el mandato actual) de la Eurocámara tras los comicios del 6 al 9 de junio es aún voluble, como demuestran las diversas proyecciones de voto publicadas en los últimos meses, que indican un avance de la ultraderecha sobre todo a costa de los liberales de Renew. La propia encuesta de enero de ECFR pronosticaba que los populistas antieuropeos lograrán probablemente el mayor número de votos en nueve países de la UE (Austria, Bélgica, Eslovaquia, Francia, Hungría, Italia, Países Bajos, Polonia y República Checa) y que llegarían en segundo o tercer lugar en al menos otros nueve más, entre ellos España o Portugal.

Esas cifras, indicaba el sondeo, avanzaban que casi la mitad de los escaños de la futura Eurocámara estarán en manos de diputados fuera de la “super gran coalición” de S&D (socialdemócratas), Renew y Partido Popular Europeo (PPE). Sugería además que, por primera vez, podría surgir una coalición de todas las derechas si los conservadores liderados por Manfred Weber y que impulsan la reelección de Ursula von der Leyen al frente de la Comisión Europea aceptan aliarse con eurodiputados de extrema derecha, algo de lo que vienen previniendo desde hace tiempo sus hasta ahora socios proeuropeos.

Sería sin embargo un error caer en el fatalismo, advierte ahora el informe que analiza esas cifras: “La crisis de la democracia europea y la perspectiva de un aumento de la extrema derecha son reales, pero las próximas elecciones no tienen por qué significar el eclipse de la política tradicional por la extrema derecha”, sostiene el informe. Apunta al respecto a la “división” de las fuerzas extremas en sus “objetivos y ambiciones” —ni todas las formaciones ultras, ni sus votantes, son partidarios de abandonar la UE ni coinciden en temas como el apoyo a Ucrania o incluso la migración— como uno de los motivos de que, por muchos escaños que ganen, “tendrán dificultades para encontrar una voz común en la próxima legislatura”.

Abandonar mitos

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Para garantizar una mayoría proeuropea, “los líderes europeos tienen que abandonar algunos de los mitos con los que viven. Y tienen que retomar la iniciativa a la hora de sentar los términos del debate” y “desarrollar campañas diseñadas de manera más específica para movilizar a los votantes sin avivar una reacción antieuropea”, recomiendan los expertos.

Específicamente, advierten en contra de seguir la estrategia doble que muchas formaciones están adoptando para combatir los populismos: “Imitar políticas de extrema derecha en migración y promover una narrativa de los éxitos de la UE centrándose en la respuesta de esta a la crisis climática, a la pandemia de covid-19 y la guerra de Rusia contra Ucrania”. Esto último, considera el informe, podría beneficiar a los partidos antieuropeos, ya que muchos votantes no reconocen los éxitos en estas cuestiones y por tanto estas pueden acabar “movilizando” a los electores de los partidos ultra.

Pero es sobre todo la “imitación” de las políticas migratorias duras lo que puede dar al traste con la estrategia.

“La gente se equivoca al pensar que la mejor manera de vencer a la extrema derecha es imitar sus políticas en inmigración”, afirma Mark Leonard.

Según el informe de ECFR, apenas el 15% de los europeos tienen a la inmigración como la cuestión que más les preocupa. Solo en dos países, Alemania y Austria, se identifica la inmigración como la cuestión de la última década que más ha marcado su manera de afrontar el futuro. En el resto de países, preocupan más temas como las turbulencias económicas (21%), la pandemia de covid-19 (19%), la guerra en Ucrania (16%) o el cambio climático (también 16%).

La migración “no es la cuestión principal para la mayoría de los votantes en la mayor parte de los países”, insiste Leonard. Por eso, advierte, “limitarse a copiar las políticas de la extrema derecha pueden hacer parecer poco auténticos a los partidos tradicionales” y provocar que los votantes “opten por el producto original de la extrema derecha, en vez de por la copia”.

Esa es una de las advertencias que sobre todo socialdemócratas, aunque también los liberales, llevan meses haciendo al líder del PPE, Manfred Weber, al que acusan de haber dado un giro de 180 grados en varias políticas en el último año para intentar hacerse con el electorado ultra, desde políticas medioambientales a la cuestión migratoria. De hecho, en el “manifiesto” electoral lanzado durante el congreso de la formación popular en Bucarest, se promete un “cambio fundamental” para endurecer las leyes de asilo: se apoya sin tapujos la idea de “terceros países seguros” a los que “transferir” a los demandantes de asilo para que “realicen allí el proceso de asilo”. Esa idea se inspira en la iniciativa británica de deportar a Ruanda a los inmigrantes irregulares.

Que estas políticas de mano dura al modo de la extrema derecha pueden acabar produciendo efectos indeseados lo ha vivido muy de cerca, paradójicamente, un liberal: el presidente francés, Emmanuel Macron. Como recuerda el informe, la ley de inmigración que impulsó —que contenía medidas tan discriminatorias que acabaron siendo anuladas por el Constitucional francés— fue aprobada con los votos de la derecha y la extrema derecha de Marine Le Pen y provocó una profunda crisis en su gobierno centrista. Pese a ello, el Reagrupamiento Nacional de Le Pen sigue a la cabeza de la intención de voto de los franceses en junio.

“Los líderes europeos no deberían centrar estas elecciones en la migración, sino en la naturaleza de las fronteras europeas: militares, económicas y humanas”, propone el otro autor del informe, Ivan Krastev. Del mismo modo, argumenta, “no deberían movilizar a la gente por solidaridad con Ucrania, sino por una cuestión de preocupación por la soberanía y seguridad europeas”. También deberían dirigir las miradas de los votantes hacia el otro lado del Atlántico y la gran posibilidad de que el republicano Donald Trump regrese a la Casa Blanca: “Ante la incertidumbre en la política estadounidense y la agresión de Putin, [los líderes europeos] deberían argumentar que estamos en un momento en el que, si la UE no existiera, habría que inventarla”, sostiene.

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