Xiaomi triunfa donde cayó Apple: su coche eléctrico mira a Porsche | Economía

La amenaza china sobre la industria automovilística acaba de subir de intensidad. A la competencia que ya habían inyectado al mercado fabricantes como BYD o MG frente a las compañías tradicionales europeas y estadounidenses del motor, se suma ahora una tecnológica del gigante asiático, Xiaomi. La compañía, conocida sobre todo por sus teléfonos móviles a precios competitivos, acaba de presentar un vehículo eléctrico, el SU7, con prestaciones que recuerdan a las de un Porsche eléctrico pero con un precio inferior al de un Tesla. El vehículo ofrece una capacidad de aceleración capaz de pasar de cero a 100 kilómetros por hora en 2,78 segundos. Esto es una cifra cercana a la que alcanza el Porsche Taycan Turbo GT con paquete Weissach presentado en marzo en Leipzig (Alemania), el eléctrico más rápido hasta la fecha con 2,2 segundos.

La diferencia, como pasa también en los móviles de la firma china, es el precio: la compañía alemana vende su superdeportivo por 248.685 euros, mientras que Xiaomi ha lanzado el SU7 al mercado por un precio que oscila entre 215.900 yuanes (27.770 euros al cambio actual) y 299.900 yuanes (38.575 euros), dependiendo del equipamiento. Si bien hay que esperar a que el vehículo llegue a Europa, algo que previsiblemente tardará unos años en suceder, el coche es también más barato que el precio al que Tesla vende su Model 3 en España, unos 39.990 euros (en China se comercializa por 245.900 yuanes, informa Reuters).

De esta forma, la tecnológica china entra con fuerza en un mercado nuevo para ella y en el que de momento ha recibido un fuerte espaldarazo de los clientes. En apenas 24 horas desde el lanzamiento la semana pasada, el SU7 tuvo 90.000 pedidos, según Xiaomi, lo que la hizo dispararse este martes en la Bolsa de Hong Kong un 8,97%. La compañía, que ha puesto encima de la mesa 10.000 millones de dólares (cerca de 9.300 millones de euros, al cambio actual) para este proyecto, ha conseguido dar a luz a su criatura en un terreno en el que encalló el gigante estadounidense Apple.

“En los tres años que llevo desarrollando este coche, de lo que más me he dado cuenta es que fabricar vehículos es extremadamente difícil. Incluso un gigante como Apple se ha dado por vencido”, admitió el cofundador y director ejecutivo de Xiaomi, Lei Jun, en el lanzamiento del SU7. Cabe resaltar que el proyecto de la empresa de la manzana mordida era diferente: aspiraba a crear un vehículo de lujo 100% autónomo y eléctrico con un precio que rondaría los 100.000 dólares, según proyecciones de la compañía con sede en Cupertino. Tras diez años de investigación y trabajo para sacar adelante este vehículo, Apple mandó un comunicado interno en febrero para dar por finalizado este sueño en el que se empleaban 2.000 personas, según información adelantada por Bloomberg.

La compañía estadounidense desviará esos esfuerzos al desarrollo de la inteligencia artificial generativa, una tecnología por la que han apostado más fuerte otras grandes corporaciones como Microsoft, que le quitó en enero el puesto como la mayor cotizada del mundo. Apple, además de no estar segura de ser capaz de sacar el proyecto adelante, también dudaba seriamente de que fuese un negocio que le diese los márgenes a los que está acostumbrada.

Mientras, Xiaomi apuesta con fuerza por el automóvil y no se pone límites. “Si trabajamos duro durante los próximos 15 o 20 años, nos convertiremos en uno de los cinco principales fabricantes de coches del mundo y nos esforzaremos por impulsar la industria automovilística china en general”, dijo Lei Jun en diciembre, en unas declaraciones recogidas por Reuters.

Más fabricantes, pocas ventas

La llegada de Xiaomi a la industria del automóvil se produce en un momento en el que el crecimiento de las ventas de vehículos eléctricos está sufriendo un estancamiento en todo el mundo. Tan es así que Tesla informó en la presentación de sus resultados anuales de que espera “un crecimiento de volumen de las ventas en 2024 notablemente inferior al de 2023″. Este martes, la empresa indicó que sus entregas cayeron un 8,5% entre enero y marzo de este año en comparación con el mismo periodo del ejercicio precedente.

Las ventas de vehículos eléctricos en su conjunto, si bien crecen en este inicio del año en Europa, lo hacen a un ritmo muy inferior al de otros tiempos con una subida del 17,4% hasta febrero, según datos de Acea, la patronal europea de fabricantes de coches. El frenazo es notable sobre todo en Alemania, donde las comercializaciones de coches eléctricos puros incluso cayeron un 1,3% entre ambos meses debido a la eliminación de las ayudas a la compra por parte del Gobierno. En otro gran mercado como el chino, las ventas de vehículos eléctricos subirán este año un 25%, según estimaciones recogidas por Bloomberg, frente al 36% de incremento del ejercicio precedente y el 96% de 2022.

Esta aminoración en el crecimiento del mercado se produce a la vez que se suman muchos nuevos jugadores que quieren competir con los fabricantes tradicionales como Volkswagen, Ford, General Motors o Stellantis, que están destinando miles de millones para pasar de producir coches de combustión a eléctricos. Fabricantes como BYD o SAIC Motor (dueña de la marca de origen británico MG) ya han comenzado su expansión fuera de China y están mordiendo cuota de mercado.

Mientras, ante las bajas perspectivas, gigantes europeos como Renault y Volkswagen han decidido dar marcha atrás a sus planes para sacar a Bolsa sus divisiones de coches eléctricos, así como las de software (Ampere), en el caso de la francesa, y de baterías (PowerCo), en el caso de la alemana. Ambas compañías estudian, a su vez, la producción conjunta de un vehículo eléctrico de 20.000 euros, en una alianza con la que hacer frente a la fuerte competencia de marcas chinas a las que la Comisión Europea está investigando por haber recibido, supuestamente, subsidios ilegales de Pekín. Esto, más unos costes energéticos y laborales más bajos, estarían permitiendo a las firmas asiáticas ofrecer vehículos eléctricos más baratos que los europeos.

“Estos últimos años, las grandes potencias económicas mundiales han buscado generar unas valiosas economías de escala y no han dudado en subvencionar su desarrollo, así como la producción de baterías, y lo han hecho directamente con las empresas o bien indirectamente con el consumidor para facilitar su adopción”, explica Clément Inbona, gestor de fondos de La Financière de l’Échiquier, una gestora de fondos francesa. “Ante estas distorsiones de los mercados, China, EE UU y Europa están multiplicando las acusaciones recíprocas de dumping. El último ejemplo hasta la fecha lo tenemos con Janet Yellen, secretaria del Tesoro de EE UU, quien recientemente expresó su inquietud por ‘las repercusiones mundiales del exceso de capacidad que observamos en China’. Sin embargo, sobre el papel, EE UU tampoco está a salvo de reproches en materia de subvenciones y prueba de ello es su Inflation Reduction Act (IRA) [un programa dotado con 400.000 millones de dólares para atraer proyectos verdes]”, completa el experto.

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